miércoles, 2 de diciembre de 2020

Las narrativas de contrapoder y el movimiento alterglobalización en el rock colombiano José Ernesto Ramìrez La edición de memorias bibliográficas y documentales sobre los eventos que en las últimas décadas han expresado la constitución de un campo cultural definible como el Rock colombiano, hacen preciso llamar la atención sobre la necesidad de plantear su evaluación –generalmente a cargo de las administraciones de gobierno local- desde perpectivas mas amplias y no solo bajo la concepción como “actividades apuntando a la creación de un proyecto de ciudad mas amplio y democrático y a la construcción de espacios de convivencia entre todas las generaciones y los sectores sociales”. En efecto se ha estimado que más allá del balance cuantitativo (escenarios, asistentes, vatiaje, logística y seguridad; policía y bomberos –disturbios y consecuencias ) reunidos en cada una de las ediciones de eventos (desde ANCON hasta IRON MAIDEN), queda por hacer el balance cualitativo, perspectiva en la cual aún no se ha aclarado cuales serían algunos indicadores mínimos (respecto el desarrollo del capital cultural, social, cívico y simbólico de laa ciudades por ejemplo), y en la medida que de año en año no fue posible construir registros o mediciones relativos a cada uno de los indicadores, que lecciones se podrían aprender para el futuro. Muchos otros interrogantes podrían plantearse, apenas como connotación de los comentarios o representaciones sociales que cada uno de los agentes que participan en el campo definido reflejan en sus lecturas. En un reciente debate sobre la relación entre cultura y territorio, por ejemplo se ha caracterizado la experiencia de la política cultural en Colombia como una “política de la semejanza” interesada en pasar de una construcción de “lo culto”, a una de “dialogo intercultural”, pero que sin embargo, en casos como el que ejemplifica Rock al Parque conllevan una disputa entre la gestión de eventos con “calidad artística” vinculada a la “”cultura universal”, y la construcción desde lo local- del multiculturalismo. Podemos igualmente preguntarnos cuál es el grado de deslocalización de los artistas y las bandas latinoamericanos que, bajo el criterio de garantizar la masividad, la salida mediática y el éxito político de los eventos, son traídos a Bogotá, y una vez inmersos en un territorio y cultura particular (no Chiapas pero sí Caguan, no TLC pero sí Macdonalización, no-efecto Tango, pero sí laboratorio econo monitoreado), le confieren el mérito del más importante -pero esporádico- acto de diferenciación de lo latino –lo local- versus lo global en la contracultura mas determinante de la época. XIV Congreso Colombiano de Historia. Tunja Agosto 12-15 de 2008 Mesa Estudios Sociales y Culturales sobre el Rock Colombiano Las narrativas de contrapoder y el movimiento alterglobalización en el rock colombiano José Ernesto Ramìrez Resumen El objeto de esta ponencia es presentar en la perspectiva histórica, aspectos de la construcción de un campo particular dentro de las culturas populares colombianas, asociado recientemente con las nociones de Nación Rock. Para abordar la dinámica de aparición y estructuración de este conjunto de expresiones –que abarcan no solo la producción/consumo, sino sus derivaciones sociales y políticas como identidades y resistencias- de la apropiación en la sociedad colombiana de un conjunto de instrumentos, rítmicas y formas de hacer el mundo y de ver el mundo a ellas ligadas, se utilizara el modelo relacional de la teoría bourdiana del campo y de las perspectivas que en diversos enfoques de la cultura definen los tipos de agentes, sistema de posiciones, reglas de inclusión-oposiciòn que apoyan su autonomización, y capital(es) entendidos como recursos respecto el cual los agentes participantes en el campo compiten por acumular, monopolizar y transar. Por hacer parte este ensayo de una primera reflexión de tipo sistemático en el contexto de un Congreso Colombiano de Historia, no solo se asume el reto de contextualizar y argumentar el significado que “investigar y estudiar la cultura rock” tiene para la sociedad colombiana contemporànea, si no que se buscar situar el estado actual del conocimiento y la recopilación de elementos vinculados a ese interés investigativo, con las tendencias que la historiografía acumulada hasta el momento revelan, y con los horizontes de desarrollo de un campo intelectual de pensamiento, que permita en alguna forma superar las intensiones descriptivas y anecdóticas –muchas veces también reduccionistas- de las miradas realizadas en distintos momentos y por distintos autores (músicos mismos, periodistas culturales, juventólogos, estudios urbanos, científicos sociales) PREGUNTAS DE PARTIDA Una revisión no exhaustiva de la literatura producida en el período muy reciente de surgimiento y acotamiento de un campo especializado de investigación sobre lo que se podría llamar “rock colombiano”, da piso al planteamiento de preguntas y cuestiones que merecen consideración. ¿Cual(es) ha(n) sido los criterios de periodización y los factores tomados en cuenta para caracterizar las etapas de la historia del “rock colombiano”? ¿Hasta donde ha incorporado la periodización, solamente la esencialidad rítmica o instrumental de una parte, o la externalidad afirmativa o refractaria que desde la sociedad o el mercado o el estado ha tenido como movimiento contracultural o negocio de la otra, sin búsquedas comprensivas de la multifactorialiedad de los referentes en que se puede basar la delimitación? ¿ Si la descolonización ocurrida en el rock colombiano, ha supuesto la creación en su espectro rítmico de una envidiable variedad de variantes de fusión e hibridación, abiertas en función de la igualmente incomparable riqueza de la diversidad folklorica nacional, que fuerzas han obrado en ese proceso (opus operatum) ? ¿Cómo integrar datos en el análisis de la construcción y las transiciones en el crecimiento –nada indica que decrece hasta hoy - no solo de la producción (número de agentes autodefinidos o catalogados como autores del campo, , disqueras, emisoras, periodistas, canales) y del consumo (contabilidad de espectadores, ampliación de la oferta de sitios (bares, discotecas, cafés y demás espacios especializados en la difusión, eventos en todo el país, porcentajes de rating, barómetros de consumo, indicadores de adquisición y acumulación de este rango en el capital cultural de la población colombiana) antes, y acaso siempre, como prerrequisito para intentar análisis mas finos desde la perspectiva de la interiorización en el habitus de los jóvenes y adultos de las formas de pertenencia sub o contra cultural y de las formas de identidad(es) asociadas con esta expresión de estilo de vida? ¿Si la educación y la pedagogìa ciudadana, o los proyectos de tipo desarrollo cultural pueden aspirar a usar el rock o la cultura del rock para fines alterglobalizantes o de cualquier especie ajena al instrumentalismo de los megaeventos, que conexiones han existido y cambiado o dejado de existir o incluso se hallan bloqueadas, entre la realidad de la sociedad colombiana y las formas simbólicas y contenidos simbólicos que las narrativas presentes en esos géneros contienen? ¿Còmo entonces entender la bifurcación que existe entre los contenidos de la narrativa (lirica y en determinadas alusiones musical) que opondrían las identidades resultantes e interiorizadas por grupos sociales homologables en sus variables sociodemogràficas (sexo, edad, ingreso, capital escolar, adscripción étnica y religiosa) pertenecientes como estilos y género al mismo conjunto, pero con resultantes por el contenido diferenciables en su impacto para expresar y/o denunciar la realidad del país o para apuntalar las formas de conformismo y alienación que los estudios sobre la cultura de masas. En esa perspectiva resultaría improcedente sugerir que la cultura del rock ha ayudado a desconservatizar la sociedad colombiana, como usualmente se afirma, y entonces habría de detenerse en considerar de que forma el mecanismo de subordinación, descomposición y legitimación que opera usualmente entre los convencionalismos de la sociedad y los gritos ahogados de liberalización, ocurrió de alguna forma aùn no explicada, haciendo el rock –y buena parte de lo a este concepto asociado- otro instrumento de la dominación. APROXIMACION METODOLOGICA A LA INVESTIGACION DE UN GENERO MUSICAL DESDE LAS CIENCIAS SOCIALES: el caso del rock BASES RELATIVAS A LA HISTORIA CULTURAL NACIONAL Esto es lo que podría llamarse el enfoque del género musical en los estudios culturales Tiene en el caso colombiano grandes tradiciones. El principal autor en la historia de la música colombiana fue el profesor Guillermo Abadìa Morales http://es.wikipedia.org/wiki/Guillermo_Abad%C3%ADa_Morales en dos trabajos pioneros: Compendio General del Folklore Colombiano (1970) y Instrumentos de la música folklórica colombiana (1981). El maestro Abadía destacó en sus investigaciones pioneras sobre los instrumentos utilizados en el país la naturaleza y la proveniencia como dos criterio básicos para definirlos en función de cualquier intento de clasificación para el análisis de problemas asociados con la etnomusicología y la estética como serían las oposiciones popular–culto, autóctono-foráneo, en la investigación del campo músical en sus implicaciones sociales. Según la proveniencia identifico cuatro grandes grupos: 1. Precolombinos (fuera de uso) 2. Indígenas en uso (incluyendo precolombinos conservados, menos antiguos de creación en el período colonial, y adoptados como tomados de los ambitos mestizo, mulato y negro 3. Mestizos actuales tomados del ambito indígena y del ambito foráneo (blanco conquistadores o negro esclavos) con modificaciones adaptativas. 4. Foráneos (de origen blanco o negro) sin modificaciones adaptativas, propio de las clases eruditas y en las populares no típicas. Según la naturaleza la morfología resultante de acoger la superación de la anacrónica clasificación cuerda, viento, percusión, por razones de precisión, le permitió proponer veinticuatro clases adscritas a cuatro géneros: 1. Aerófonos que comprenden nueve clases 2. Membranófonos que comprenden cinco clases 3. Cordófonos que comprenden cuatro clases 4. IIdiófonos o autófonos comprendiendo seis clases El maestro Abadía advierte adicionalmente que dentro de los límites del campo folklorico (nacional) se hallan los indígenas en uso y mestizo actuales. Definición que conlleva una consecuencia metodológica significativa a efecto de analizar la configuración de la reciente hibridación y supuesto enriquecimiento del denominado rock colombiano. Por su parte el consagrado historiador Javier Ocampo, nos propone otra pista de singular relevancia para el seguimiento de caracterización de las tendencias de recomposición del rock introducido en Colombia, en su lento proceso de hibridación con la tradición folklórica nacional. Su mapa folklorico propone grandes zonas geográficas de concentración regional de las supervivencias subculturales desarrolladas entre los siglos XIV y XX. Siendo estas : 1. Folklor andino (supervivencias españolas y mestizas) antioqueño, caucano, nariñense, tolimense, cundiboyacense, santandereano. 2. Folklor llanero (supervivencias españoas y mestizas) en la orinoquia, y llanura colombo-venezolana 3. Folklor costeño (supervivencias negras y mestizas) costa atlántica e islas caribeñas) 4. Folklor del pacífico (supervivencias negras y meztizas) en Choco y litoral pacífico surcolombiano 5. Folklor indígena (supervivencias indígenas) Amazonía y zonas de núcleo indígena en el territorio nacional Ocampo destaca como esa división historica del folklor colombiano en áreas claramente definidas “es la respuesta del hombre colombiano al tradicionalismo de los valores culturales trasmitidos por sus distintas influencias en la cultura. Y, es a la vez, la adaptación al medio ambiente, reflejada en la formación de diversos núcleos de cultura popular…” Si analíticamente se derivaran preguntas para el estudio del rock colombiano estas girarían a partir de las propuestas de los historiadores culturales de la música y el folklor colombiano, acerca de los factores que en el proceso de industrialización de la producción y recepción dentro y fuera del circuito mercantil LA NARRATIVA MUSICAL Y SU VALOR HISTORIOGRAFICO En las ciencias sociales, aún antes de la popularización de los llamados “estudios culturales” se desarrollaron trabajos representativos de la intensión de comprender a través de la expresión simbólica musical procesos y condiciones concretas en la historia de algunas sociedades. Un ejemplo lo encontramos en el trabajo de Dario Canton sobre el entendimiento de rasgos reveladores de las microsociedades bonaerense y montevideña del inicio del siglo XX a partir del análisis de contenido de 100 composiciones de Carlos Gardel. Canton centra su atención en el período 1918-1935, en el cual luego de un lento proceso de legitimación social, esta música popular pasa de ser una música para bailar y por lo general sin lírica, a una expresión narrativa de la visión del mundo en el espacio de la cuenca del Rio de la Plata, que luego –no olvidemos- se extendería a espacios tan focalizados como el medio post colonización antioqueña. Luego de una prolongada familiaridad con el tema, el investigador se pregunta: ¿quién es el que habla en el tango? ¿nos habla sobre si mismo o sobre otros temas? ¿qué es lo que dice y que es lo que omite? ¿Cuál es su perspectiva temporal? Finalmente ¿Cómo evalua su experiencia? El valor metodológico de este ejercicio radica como lo sugiere Canton en hallar las preguntas que “muy elementales, económicamente, y en forma adecuada, dan cuenta de la weltanschauung (cosmovisión) http://es.wikipedia.org/wiki/Cosmovisi%C3%B3n y, que podrían utilizarse, con fines comparativos en el análisis de materiales similares de otras epocas y países”. Siguiendo esta perspectiva se podría proponer la cuestión en los siguientes términos: Que hilo de continuidad se puede revelar entre el contenido simbólico del tango gardeliano y lo que las líricas del tango electrónico y de los rockeros bonaerenses y uruguayos evocan en la parte final del siglo XX. Mas recientemente se encuentra un valioso ejemplo de la correlación música sociedad cuando en la década de los años 90 es posible reconstruir desde dos pistas inscritas en la narrativa musical los desequilibrios en la guerra contra las drogas: Desde la estrategia de reducción de la demanda, en Europa y Estados Unidos diversos organismos públicos han emprendido proyectos que intentan revelar de forma académica las conexiones de sentido que en los imaginarios de la cultura “underground” asociaron desde sus comienzos el rock con diversos aspectos caracterológicos de sus interpretes y audiencias. Un ejemplo de ellos son los contenidos en un análisis del contenido alusivo “apologético” al consumo de drogas, alcohol y tabaco entre las audiencias de videos musicales, tomo una muestra de 300 videos comprendidos entre los primeros 100 diferentes (no-repetidos) ofrecidos por cada una de las 3 redes especializadas en Estados Unidos: BET, MTV (creado en 1981) y VH-1 durante las seis semanas posteriores al 30 de octubre de 2000. La selección cubrió 258 videos programados durante ese periodo. Y acepto cinco géneros: hot-100 (o top 40), Rap/Hip-hop, Mainstream Rock, Rock moderno y alternativo, y otros tipicamente llamados “clásicos”. EL resultado mostró que substancias de cualquier tipo aparecen visualizadas en el 45% del total de la muestra, y con referencia verbal en 33%. En mayor proporción relativa para el alcohol, respecto el tabaco y las drogas de cualquier otro tipo.. De fondo aparece la preocupación sobre como ocurren las influencias de los medios masivos sobre las audiencias especialmente de jóvenes “concern that media portrayals may influence young people´s attitudes and behavior toward substance use…videos are of special concern because, unlike lyrics alone, they contain visual portrayals that can be imitated and modeled…. The frequency and nature of substance portrayals is a necessary first step in exploring the role of music videos in forming young people´s substance use attitude and behavior” Visto desde Colombia, el fenómeno refleja las inconsistencias de la guerra a las drogas, en la cual los gobiernos de los países consumidores fallan en sus esfuerzos por contener la “ampliación” de la aceptación social de las adicciones, encaminando a cambio todo su utópico esfuerzo en refrenar la producción (estrategia de reducción de la oferta). La cultura narco en Colombia posee adicionalmente una particular narrativa musical, que dio piso a una forma de investigación que constituye un modelo de análisis complementario. En Colombia COLCULTURA desarrollo desde los años noventa una serie de investigaciones sobre diversos géneros musicales populares, entre ellos los “corridos prohibidos” que en esencia se comportan como una adaptación de una música popular mexicana pasando en el lento proceso de trasculturación (que cubre la era moderna del narcotráfico posiblemente en las decadas de los ochenta y noventa) a desarrollar contenidos que estaban construidos para mitificar y legitimar la imagen de los narcotraficantes, época tras la cual, (a lo sumo diez años para acá) los nuevos contenidos de los corridos se han “legalizado” junto con su producción y oferta. Por ello no es raro que las letras de los grupos que participan de la etapa legal se hayan movido a narrativas relacionadas con la sustitución manual, el antiterrorismo y los demás mensajes de la publicidad política de la seguridad democrática. Luego, si en los años 90 los investigadores sobre el conflicto interno en Colombia apelaron a las narrativas del “corrido prohibido” por su carácter espontáneo y referente a la condición subjetiva de las poblaciones localizadas en zonas de gran presencia de organizaciones proscritas, mas adelante, con el reciente acomodo, la “validez” original del producto podría ser desvirtuada. Esta pista nos advierte la posibilidad de operar el mecanismo de instrumentalización de las formas simbólicas del cual habla Panosfki, consistente en “integrar” a la lógica política y mercantil dominante las expresiones marginales y “subversivas”, respecto un orden instituido y demostrativo de la imposición de una visión hegemónica de la realidad. Que este mismo proceso haya podido o este ocurriendo en el caso del rock lo revelan diversos antecedentes que se pueden tomar en consideración: grupos y composiciones rockeros incluidos en las compilaciones entregadas por los grupos armados Farc y ELN a sus audiencias como parte de sus mensajes conmemorativos de final de año, grupos y autores que han hecho el particular recorrido de incorporación en el mercado internacional sobre la condición de rehuir no solo en sus composiciones, sino en sus declaraciones e incluso en la parafernalia con la cual acumulan los recursos de la admiración masiva toda referencia que los haga ver como contestatarios o renegados. No hay que olvidar que el campo de la cultura rockera nació y creció –no solo en Colombia sino en la comunidad de naciones latinoamericanas- en sus inicios en un particular escenario de contraposición entre la estética de imitación a la moda anglo sajona iniciada en los 50 y 60 por las grandes figuras de la escena rockera internacional, con muy leve presencia y afirmación de lo que dentro de sus particulares expresiones podía identificarse como rechazo a la estructura dominante de las sociedades permeadas por este genero, y que con el paso del tiempo y su subordinación a la industrialización cultural cada vez fue menos auténtico y realmente contestatario, y por otra parte la alternancia como folklor musical popular de géneros de contenido o inspiración social, en los cuales se recuperaban tradiciones y expectativas de creación de nuevas identidades a partir de los sentimientos de rechazo a las dictaduras, o de simplemente despliegue de las formas postcoloniales de expresión musical. Esta tensión fue resuelta de forma creativa y auspiciosa en Colombia al igual que en los principales escenarios de la música moderna en Latinoamérica mediante la convergencia de las formas instrumentales de los rítmos y generos “folkloroides” con los aportes innovativos y connotativos de la corriente rock. Ello permitió que aún en los espacios de mas alta identidad y “consecuencia” con las expresiones de tipo “arte comprometido” con las luchas populares, llegara el momento –a veces muy demorado- de instalación de la audiencia y la producción desde la subcultura rockera en el mismo nivel de prestigio, quizás de expresividad y por lo tanto de reconocimiento en la producción de arte social. Sin embargo para entender hasta que punto el proceso de transformación de la cultura rockera en Colombia ha permitido forjar una vanguardia de arte social o de compromiso identitario como nación, que rebase las limitantes de la cultura oficial o la mercantilización del valor creativo (la posibilidad de fusionar o hibridar, la formación de identidades suceptibles de expresarse políticamente etc) es necesario registrar las condiciones y factores que explican la línea de desarrollo que se ha dado. Cuya mejor expresión la podríamos asociar con un veinte de julio con mas de un millar de eventos locales en los cuales la gran mayoría de los públicos de Colombia vió plantear una compaginación obvia del discurso por la terminación del conflicto armado, con la fuerte iniciativa de los principales interpretes de la música popular y dentro de ella los generos del rock, coordinados además por gestores culturales formados en la escuela de los rockpoliticos (Sting, Bono, Bob Gelford etc) QUE INFORMACION DEBERIA COMPILARSE PARA TRAZAR CON TODA PRECISION LA TRANSFORMACION DEL CAMPO DEL ROCK COLOMBIANO Debería comenzarse esta descripción entendiendo como la noción de rock nacional, no hace claridad sobre el resultado final de la evolución reciente del campo músical moderno popular en un país como Colombia. El rock nacional, ha sido una noción bastante acogida en países como Argentina, donde es fácil asociar desde la simbología propia lo nacional con lo local. Hablar en cambio de rock colombiano, connota una realidad que la investigación cultural debería posibilitar. El paso en el proceso de las cinco o siete décadas de la etapa imitativa a la adaptativa y finalmente a una etapa creativa o recreativa que como reflejo de la madurez del campo, habría permitido la aparición de una forma muy reconocible de “hacer el rock” con rítmicas, organología y narrativas que siguiendo de manera performativa la propuesta de los historiadores de la cultura musical colombiana implicaría definirla como la Respuesta de las nuevas generaciones de colombianos a la presión de una industria cultural enfocada a crear consumidores y productores de “nuevos sonidos para las grandes ciudades” pero que al sincretizar diversas tradiciones de la cultura musical colombiana, refleja tambien como instrumento simbólico la realidad particular de la historia reciente de Colombia (urbanización, globalización, conflicto armado, violencia simbólica). LA PRESION DE UNA INDUSTRIA CULTURAL El rock esencialmente paso a ser visto como la mas representativa “musica del mundo”, pero como ya lo mencionamos para el caso colombiano su importación se dio en un terreno donde a lo largo del siglo XX se había logrado consolidar grandes industrias culturales nacionales en los sectores representativos (televisión, fonográfica, radio, editorial y prensa). Dentro de la era del rock se adicionaron dos nuevos conjuntos de sectores de la industria cultural (video, revistas) Si se acogiera la metodología que sugieren entidades especializadas como UNESCO y el Convenio Andrés Bello, los indicadores obvios para medir la expansión del rock como industria cultural serían: Producción: unidad de productos o servicios producidos dentro del sector (número de unidades fonográficas, videográficas y cinematográficas, eventos como conciertos, audiciones, presentaciones etc.) Ventas: Cuantificación en dolares de la facturación por ventas de los productos o servicios (taquillas, copias adquiridas, Empleo: personas ocupadas en el sector Pago por derechos de autor: Monto agregado del reconocimiento en dinero para los autores que producen y registran su propiedad intelectual de productos Exportaciones: Pago de divisas por Unidades exportadas Importaciones: Pago de divisas por unidades importadas Piratería: Cuantificación en volumen y en dinero de la producción ilegal De entrada es facil advertir la dificultad en validar una metodología semejante para acotar el seguimiento a la historia del rock colombiano asumido como una forma de actividad en términos de industria cultural. Posiblemente pesa la preocupación para la aplicación de la teoría del campo en el sentido de cómo desdiferenciar la calidad de autor (compositor o interprete) , o empleado (arreglista, bailarín, corista etc. promotor de eventos, disk jokey etc ) especializado en un mercado autónomo, en el sentido que los textos clásicos lo proponen (Bourdieu en el campo del arte o García Canclini en sus estudios sobre los museos). En el mismo sentido de indiferenciación un historiador vivo del rock colombiano señalaba que si Noel Petro y Gustavo Quintero hubiesen adquirido la “mística perseverante” de Elkin Ramirez habrían llegado tan o mas lejos dentro del campo. Esto es así sencillamente por que en el muy lento proceso de consolidación del campo socio cultural del rock colombiano, la apuesta a “vivir de la música rock” nunca fue lo suficientemente incluyente y definida para todos aquellos que desearon ingresar y quedarse viviéndolo. Tampoco sería por lo tanto fácil diferenciar la especialización rockera de disqueras, tiendas, canales, bares, revistas, y en menor escala de programas y espacios de producción y audición. Por último todos sabemos que para muchos sujetos el rock no ha sido más que un “pasatiempo” o moda pasajera. Etapa superable de la experiencia vital, que a contrario de lo que narran en sus biografías narcisistas muchos de los grandes exponentes del campo autoril, no tiene ni la inculcación en el seno de familias rockeras bi o trigeneracionales, ni ese sentido de “beruf” weberiano que coloca en el momento preciso la llamada del destino para incursionar en ese campo de luchas y apuestas. El enfoque de la cadena productiva Referencias Bibliográficas Abadía Morales, Guillermo Instrumentos de la Música Folklorica de Colombia. Bogotá, Talleres Vega (Colcultura), 1981, 61p 80anexos, Arana, Federico Roqueros y Folcloriodes. México, Editorial Joaquin Mortiz, 1988, 186p. 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miércoles, 16 de enero de 2019

Qu’est-ce que l’objectivation participante ? Pierre Bourdieu et les problèmes méthodologiques de l’objectivation en sociologie

Qu’est-ce que l’objectivation participante ? Pierre Bourdieu et les problèmes méthodologiques de l’objectivation en sociologie Jacques Hamel Département de sociologie, Université de Montréal. Case postale 6128, succursale Centre-ville, Montréal, Québec H3C 3J7. jacques.hamel@umontreal.ca Pour citer cet article Jacques Hamel, «Qu’est-ce que l’objectivation participante ? Pierre Bourdieu et les problèmes méthodologiques de l’objectivation en sociologie», Socio-logos, Numéro 3, Jacques Hamel Résumé Cet article cherche à cerner l’objectivation participante proposée par Pierre Bourdieu afin d’objectiver le « monde social », mais également le « sujet objectivant », c’est-à-dire l’analyste qui se consacre à cette entreprise. Sous son égide, l’objectivation s’orchestre sous le mode de la vigilance épistémologique destinée à prendre conscience des catégories et des déterminations sociales qu’elles reflètent grâce à la théorie qui prend valeur réflexive. Après l’avoir abordée sous ses aspects techniques, les problèmes et les limites de l’objectivation participante sont ensuite envisagés à l’échelle de la relation enquêteur-enquêté et de l’intellectuel collectif qui, en principe, gouverne l’objectivité de la méthode en question. Sa réception dans les cercles anglo-saxons de la pensée postmoderne est finalement considérée afin de constater que l’objectivité ne peut nullement se réduire à la distanciation fondée sur les propriétés sociales des personnes impliquées dans cet exercice méthodologique qu’est l’objectivation participante. Table des matières Objectivation, théorie de la connaissance et théorie de l'action Objectiver le sujet objectivant La vigilance épistémologique, de l’objectivation participante à l’ « auto-analyse provoquée et accompagnée » en passant par l’intellectuel collectif L’objectivation participante, méthode et techniques Les ratés de l’objectivation participante Les limites de la méthode l’objectivation participante En guise de conclusion Texte intégral L'objectivation se révèle sans conteste la pierre angulaire de l'œuvre de Pierre Bourdieu. Lui, mieux que personne, s'est inlassablement employé à objectiver le « monde social » en cherchant à exhiber les mécanismes en vertu desquels il semble « aller de soi » à force d'être familier et, de ce fait, peu susceptible d’être remis en question. Sous cette perspective, l'objectivation correspond à l'entreprise destinée à s’opposer en théorie à cette « apparence » propre à la violence symbolique qui, dans son esprit, se forme sous le mode de l'évidence, du « naturel » du « c’est comme ça » ou du « gros bon sens » qu'il associe, parfois sans nuances, au sens commun. Sous ce chef, le « monde social » s'incarne sous la forme d'institutions jamais mises en cause. Bourdieu, quant à lui, se fait un devoir d'objectiver ces dernières afin de révéler leur nature profondément sociale et de montrer de ce fait qu'elles résultent de luttes politiques et sociales qui leur donnent tel visage plutôt que tel autre et qui témoignent ainsi de leur relativité. L'art, l'école, le langage et l'État sont autant d'institutions qu'il a passées au crible dans l'intention de les objectiver en démontant à cette fin les principes de catégorisation, de classification et d’action qu'elles contribuent à former, à opérer et à imposer sous l'apparence du naturel et de l'évidence susceptibles de leur donner force et légitimité dans le cadre du jeu social. Objectivation, théorie de la connaissance et théorie de l'action L'objectivation cherche donc, dans cette voie, à fonder la connaissance objective des principes de catégorisation, de classification et d’action qui déterminent la manière dont le « monde social » se présente naturellement aux yeux de quiconque gravite dans son orbite. À cet égard, Bourdieu reste fidèle à l'anthropologue qu'il a été au départ en concevant l'objectivation comme l'exercice propre à saisir en acte les « catégories indigènes » qui, dans les « sociétés exotiques », s'infiltrent dans leurs membres au gré des cérémonies rituelles et, ce faisant, forment les « cadres de pensée » requis pour agir en leur sein. L'objectivation conçue de cette façon trouve écho en sociologie, notamment chez Durkheim pour qui celle-ci doit également s'attacher à ces catégories que ce dernier envisage comme « les cadres solides qui enserrent la pensée » (Durkheim, 1990 : 13) et déterminent du coup l'action des individus en dehors même de leur conscience et de leur volonté. En effet, les catégories en question s’induisent en eux — dans leur pensée et dans leur corps — grâce à la socialisation qui, en sociologie, correspond exactement à l’intégration à la société sous le coup des cérémonies rituelles observées par les anthropologues en étant conçue comme inculcation, sous l’égide des institutions sociales, des normes et des valeurs sources des catégorisations et des classifications nécessaires pour agir en société. L'analyse sociologique, on s’en doute, requiert d’office une distanciation par rapport à ces « cadres de pensée » qui s'incarnent d'emblée dans le langage et le sens commun. Elle a donc pour première ambition de mettre au jour la « grammaire » qui orchestre la pensée que Bourdieu associe au sens pratique et, sur l’élan, à l'action que notre auteur préfère appeler pratique sociale. Le sens pratique se conçoit ainsi comme un système de schèmes opératoires induits par les institutions sociales, comme l’école, et intériorisés à l’instar de ceux que décrit en linguistique la grammaire générative de Noam Chomsky. Le sens pratique opère sous cette perspective à l’insu des individus comme un programme « qui n’a pas besoin d’être intentionnellement exprimé pour s’exprimer » (Bourdieu, 1967a : 152) et, défini par analogie avec la théorie chomskyenne, doit être vu comme « système des schèmes intériorisés qui permettent d’engendrer toutes les pensées, les perceptions et les actions caractéristiques d’une culture et celles-là seulement » (ibid). L’objectivation touche par conséquent à la grammaire génératrice de la pensée et de l’action qui, indépendante de leur conscience et de leur volonté, s'impose aux individus sous le mode de la violence symbolique en leur apparaissant naturelles bien qu'elles résultent en définitive du jeu social et des oppositions et luttes que ce dernier ne manque pas de susciter. La « grammaire » des catégorisations et classifications exprime en vérité les règles qui s'imposent aux individus dès qu'ils s'insèrent dans le « monde social » et cela inconsciemment tant celui-ci leur devient familier. La théorie de la pratique proposée par Bourdieu se fonde conséquemment sur la notion d’habitus qu’il conçoit, à l’instar du sens pratique, comme « système de dispositions durables et transposables, structures structurées prédisposées à fonctionner comme structures structurantes » (Bourdieu, 1972 : 175) analogue à la grammaire générative développée en linguistique par Chomsky. Cette « grammaire générative » se forme au gré des relations dans lesquelles s'insèrent les individus en agissant en société et dont la sédimentation induit en eux des « schèmes mentaux et corporels de perception, d'appréciation et d'action » (Bourdieu, 1992a : 24). Par conséquent, ces relations peuvent être qualifiées « objectives » du fait qu'elles prennent corps sous la détermination qu'exerce le « monde social » sur les individus par-delà leur conscience et leur volonté. Les principes de catégorisation, de classification et d’action qui donnent forme au sens pratique doivent donc être envisagés à la lumière du jeu des relations objectives qui est, selon Bourdieu, « justiciable d’une analysis situs » (Bourdieu, 1997 : 161) ou d’une géométrie sociale. Sous cette perspective, « les agents sociaux, et aussi les choses en tant qu’elles sont appropriées par eux, donc constituées comme propriétés, sont situés en un lieu de l’espace social, lieu distinct et distinctif qui peut être caractérisé par la position relative qu’il occupe par rapport à d’autres lieux (au-dessus, au-dessous, entre, etc.) et par la distance (dite parfois « respectueuse » : e longinquo reverentia) qui le sépare d’eux. » (ibid. : 161) Le lieu ou la position assignée à chaque individu, groupe ou objet dans la configuration des relations objectives s’établit en théorie au moyen des notions de capital, d’habitus et de champ1. L’objectivation a pour principe dans ce cadre d’« expliquer ce que les gens font à partir non de ce que les gens disent de ce qu’ils font, mais de ce qu’ils sont » (Bourdieu, Passeron et Chamboredon, 1968 : 30) selon la formule qui, librement inspirée par Durkheim, donne, dans l’esprit de Bourdieu, son droit au Métier de sociologue. Objectiver le sujet objectivant La théorie sociologique a donc pour enjeu d'objectiver le sens pratique afin de pouvoir expliquer la société. L'entreprise n'a rien de simple puisque les sociologues, en leur qualité de membres de la société, souscrivent d’ailleurs inconsciemment aux catégorisations et classifications en vigueur. Ils y adhèrent plus que quiconque du fait que, fortement scolarisés, ils ont longtemps fréquenté l'école qui, selon Bourdieu, représente l'institution sociale qui s'est substituée à la religion pour imposer les « formes primitives de la classification » (Bourdieu, 1967b : 368) utiles pour agir en société. En effet, de nos jours, la culture scolaire dote les individus d'un corps commun de catégories de pensée qui rendent possible la vie sociale. L'école, plus que tout autre institution, à l’exception peut-être des médias, leur inculque le « programme », voire la « grammaire » de perception, de pensée et d'action nécessaire pour évoluer en société. Cette grammaire ne manque pas de déterminer l'activité intellectuelle, mais également scientifique. En effet, la science s’établit certes sur la base de règles théoriques et méthodologiques qui, au-delà de leur teneur épistémologique, apparaissent de nature sociale du fait qu’elles sont sujettes aux catégorisations et classifications en vigueur dans la société et qu’imposent les institutions sociales comme l’école sous la forme de l’« inconscient académique » (Clément et al., 2007) en l’occurrence. Les disciplines scientifiques au programme des universités font par exemple l’objet d’un « entraînement » (Bourdieu, 1967b : 370) de longue haleine qui passe par l’acquisition de notions et de théories, voire de paradigmes au sens où les conçoit Kuhn, (1972, 1990), de matrices disciplinaires, en vertu desquels se forgent progressivement des « exemples exemplaires » (ibid), des façons de poser des problèmes et des « dispositions » qui deviennent vite « impensés » dans le feu de la recherche scientifique. Il en va forcément de même pour les sociologues dont les enquêtes et les analyses s’orchestrent maintes fois selon des espèces d’« automatismes de la pensée » ou des « dispositions » qui peuvent « régir et régler les opérations intellectuelles sans être consciemment appréhendés et maîtrisés » (Bourdieu, 1967b : 372). Comment dès lors porter au jour ces schèmes cognitifs automatiques qui, par définition, sont inconscients et donc imperméables à l’analyse réflexive ? Comment les sociologues peuvent-ils en prendre conscience afin d’élaborer la connaissance objective du « monde social » ? Sensible à ce dilemme, Bourdieu (2003, 2001a, 2001b, 1992b et c,1987) s'est fait fort de mettre au point l’exercice propice à « objectiver le sujet objectivant », c’est-à-dire à éclairer ces « automatismes de la pensée » des sociologues au moyen d’une réflexion dirigée vers eux-mêmes et leur pratique, celle d’expliquer objectivement la société. La vigilance épistémologique, de l’objectivation participante à l’ « auto-analyse provoquée et accompagnée » en passant par l’intellectuel collectif La vigilance épistémologique est de mise à cette fin et se conçoit dans cette veine comme une espèce d’auto-analyse que les sociologues doivent s’administrer afin de mettre au jour la teneur des catégorisations et des classifications issues de leur propre personne, en tant que membres de la société, et des outils théoriques et méthodologiques qu’ils mobilisent afin de produire la connaissance sociologique sous la forme de l’explication basée sur des « relations objectives ». Sous ce chef, « le premier travail du chercheur est d'essayer de prendre conscience de ses catégories de perception du monde social et d'essayer de produire une connaissance des instruments de connaissance à travers lesquels nous connaissons le monde social. Cela peut se faire de façon très concrète. Chacun peut faire concrètement ce travail. Qui suis-je, socialement, moi qui dis ce que je dis ? Étant donné ce que je suis, c'est-à-dire les variables qui me caractérisent (mon âge, mon sexe, ma profession, mon rapport avec le système scolaire, mon rapport avec le milieu du travail, le nombre d'années durant lesquelles j'ai été au chômage, etc.) étant donné ces variables, quelles sont les catégories de perception que j'ai toutes les chances d'appliquer à la personne que je regarde ? » (Bourdieu, 1983 : 233). La métaphore des lunettes, maintes fois citée par Bourdieu, se révèle ici utile pour décrire en ce sens les « catégories » que les chercheurs risquent d’appliquer pour objectiver sans véritablement s’en apercevoir. Or, dans la foulée, Bourdieu a cherché à élaborer cet exercice de vigilance sur la base de sa propre théorie sociologique, en l’occurrence la géométrie sociale susceptible d’établir exactement la position des individus, des groupes et des objets au sein de la configuration des relations objectives qui représente en théorie le « monde social ». Dans cette voie, l’objectivation prend forme quand l’analyste s’emploie à envisager les catégorisations et les classifications qui habitent sa pensée et son corps en considérant scrupuleusement l’habitus et le capital auxquels il est lui-même sujet au moyen de la géométrie sociale qu’il sait mettre en œuvre afin de prendre conscience de la position sociale qu’expriment notamment son « inconscient académique » et son « intérêt » à objectiver (voir Bourdieu, 2001b). Sous ce jour, l’objectivation participante cherche donc à objectiver le chercheur en retournant de manière réflexive la théorie issue de la « géométrie sociale » sur la personnalité du sociologue lui-même quand il se met en frais d’objectiver le monde social qui constitue son objet d’étude. Il peut ainsi prendre en compte ses dispositions théoriques et méthodologiques élargies aux déterminations sociales qui s’exercent sur sa pratique en vertu d’ « adhésions » et d’ « adhérences » à la société qu’il étudie (Bourdieu, 2003 : 45), au métier qu’il exerce avec ses problématiques et notions « obligées » du fait qu’elles apparaissent sous le mode de l’évidence, du « allant de soi » et du « naturel » que Bourdieu associe irrémédiablement à la violence symbolique. L’objectivation participante se révèle donc en ce sens non pas « un scrupule d’épistémologue, mais une condition indispensable de la connaissance scientifique de l’objet » (Bourdieu, 1979 : 103) Bourdieu nomme cet exercice « objectivation participante » et cela à juste titre. En effet, l’objectivation requiert ici la participation du chercheur désireux de prendre conscience des catégorisations et des classifications auxquelles est sujette sa pensée. Il veut toutefois mobiliser celle-ci pour objectiver le « monde social » en vertu de la géométrie sociale capable de le concevoir sous la forme d’une configuration de « relations objectives ». Cette participation est toutefois rigoureusement bornée par la théorie composée notamment des notions d’habitus et de capital propres à déterminer la position sociale du chercheur susceptible d’éclairer, voire de contrôler son inconscient académique dans l’intention d’en prendre acte afin de s’en libérer pour produire enfin la connaissance susceptible d’objectiver le « monde social » et la grammaire des catégorisations et classifications qui l’exprime sous le mode de la violence symbolique. La vigilance épistémologique, bien qu’opérée individuellement, est toutefois « sociologiquement armée » (Bourdieu, 2001a : 178), élaborée à la lumière de la théorie, afin que l’objectivation trouve tout son éclat de par la distanciation qu’elle crée d’office. Se livrer à cet exercice à l’échelle individuelle peut toutefois déboucher sur une objectivation partiale et partielle. Le chercheur n’est pas en effet le candidat tout désigné pour « briser le miroir de soi » (Godelier, 2002) et déjouer l’inconscient académique qui, en principe, s’impose à lui à son insu (voir Hilgers, 2006). Voilà pourquoi Bourdieu affirme que l’objectivation participante doit idéalement se réaliser collectivement, sous l’égide de ce qu’il appelle l’ « intellectuel collectif ». L’intellectuel collectif, on le devine, réunit des chercheurs qui, en vertu des compétences qu’ils se reconnaissent mutuellement, décident d’objectiver communément le monde social afin d’abord d’échapper aux effets de la division du travail intellectuel et de vouloir ensuite parfaitement maîtriser les conditions et les moyens nécessaires à l’élaboration de la connaissance objective. L’objectivation participante s’instaure également sur cette base afin que l’un et l’autre deviennent l’objet ou la cible de la vigilance épistémologique que leurs vis-à-vis peuvent exercer à leur égard. Chaque membre de ce forum qu’est l’intellectuel collectif devient passible de cette vigilance sociologiquement armée qui se répercute, à la manière d’un jeu de miroir, de l’un sur l’autre et, par conséquent, tend à former l’objectivation dans ce cadre sous le mode de la réflexivité. En cherchant à gommer son inconscient académique à la lumière de la théorie propice, en l’occurrence la géométrie sociale, chacun, par ricochet, donne le ton à l’objectivation qui est de mise dans le rayon de l’analyse produite en commun et peut en prendre exactement la mesure. L’habitude d’œuvrer sous cet auspice et de se faire fort de l’objectivation participante d’emblée favorable à la réflexivité contribue immanquablement à convertir cette dernière en un réflexe qui s’impose progressivement dans les rangs de l’intellectuel collectif, la réflexivité réflexe. L’objectivation participante, méthode et techniques Sous l’enseigne de la vaste étude qualitative sur la Misère du monde (Bourdieu et al., 1993), l’objectivation participante est devenue dans cette veine une méthode élaborée audacieusement en termes techniques dans l’intention de gommer à tout prix la violence symbolique susceptible d’affecter toute enquête fondée par exemple sur l’entretien sociologique. Les enquêtés formulent leurs réponses aux questions des enquêteurs selon la grammaire de catégorisations et de classifications qu’ils ne cherchent nullement à mettre en cause du fait que c’est sur cette base que le « monde social » leur est familier ou, en d’autres termes, s’impose à eux sous le mode de l’évidence, du « naturel ». Les enquêteurs, pour leur part, peuvent infliger sans le vouloir à leurs répondants les catégorisations et classifications issues de leur « inconscient académique » et de leur position sociale richement dotée en matière de capital scolaire et culturel. L’entretien sociologique s’établit donc fréquemment sous le coup de l’inégalité sociale entre l’enquêteur et l’enquêté, inégalité en termes de « classes sociales » que la géométrie sociale de notre auteur conçoit en théorie sous la forme de dispositions et de positions sociales différentes, voire opposées, comme on vient de le voir. Dans le feu de l’action, la différence sociale qui pointe entre les deux interlocuteurs tend à s’éclipser sous le mode de la violence symbolique en apparaissant comme « naturelle » ou « allant de soi » et, de ce fait, produit des « effets de domination » de l’un sur l’autre, en l’occurrence de l’enquêteur sur l’enquêté. L’objectivation participante s’élabore dans ce contexte en cherchant à mettre en face à face un enquêté et un enquêteur partageant des positions et dispositions sociales identiques ou apparentées. L’enquêteur se révèle ainsi sur un pied d'égalité avec l'enquêté en matière sociale et, de ce fait, ne risque pas de lui imposer, inconsciemment ou non, le point de vue qui correspond à sa position dans la société que trahit son « inconscient académique ». L’entrevue s’établit dans ces conditions sous le signe de l'objectivité puisque, si l’enquêteur partage avec l’enquêté « la quasi-totalité des caractéristiques capables de fonctionner comme des facteurs explicatifs majeurs de ses pratiques et de ses représentations, et auquel il est uni par une relation de profonde familiarité, ses questions trouvent leur principe dans ses dispositions objectivement accordées à celles de l'enquêté; les plus brutalement objectivantes d'entre elles n'ont aucune raison d'apparaître comme menaçantes ou agressives parce que son interlocuteur sait parfaitement qu'il partage avec lui l'essentiel de ce qu'elles amènent à livrer et, du même coup, les risques auxquels il s'expose en le livrant » (Bourdieu et al., 1993 : 908). L’objectivité née dans ces conditions apparaît d’autre part favorable à ce que l’enquêteur considère les réponses de l’enquêté en reconnaissant en acte l’habitus et le capital qui leur sont communs et qu’il peut dès lors concevoir, en théorie, celle de la géométrie sociale. Bourdieu note à ce sujet que « l’enquêteur ne peut oublier qu’en objectivant l’enquêté, il s’objective lui-même, comme en témoignent les corrections qu’il introduit dans telle de ses questions… » (Bourdieu et al., 1993 : 908). En effet, en envisageant les réponses de l’enquêté à la lumière de la géométrie sociale, l’enquêteur prend conscience des catégorisations et des classifications propres à sa position sociale que lui reflète l’enquêté face à lui. La « réflexivité réflexe » se forme alors, à l’instar de la psychanalyse, par un jeu de miroir en vertu duquel l’enquêté prend conscience des catégorisations et classifications qui expriment par-delà les déterminations sociales qui pèsent sur lui en répondant à l’enquêteur dont les questions, axées sur la géométrie sociale, leur donnent par ricochet une forme objective. Inversement, l’enquêteur à l’écoute de ses réponses perçoit sur le vif les déterminations sociales à l’œuvre dans sa propre pratique, dont témoignent les catégorisations et classifications issues de son « inconscient académique » et il peut de ce fait les annuler sur le champ afin de donner tout son droit à l’objectivité que produit cette réflexivité devenue réflexe. Bourdieu ne peut s’empêcher de conclure que l’objectivation participante conçue dans cette perspective donne corps à l’auto-analyse des deux parties impliquées dans ce face-à-face qu’est l’entrevue sociologique. Les ratés de l’objectivation participante L’objectivation participante expérimentée sous ce mode dans la Misère du monde s’est toutefois soldée par un échec. En effet, Bourdieu et son équipe ont été forcés de battre en retraite en constatant que l’entretien orchestré sur la base de la « géométrie » des positions et des dispositions sociales communes engendre une familiarité entre l’enquêté et l’enquêteur passablement ruineuse sous l’aspect de la richesse de l’information recueillie. En effet, l’un et l’autre n’ont soin de développer soit leurs questions, soit leurs réponses tant elles leur apparaissent « évidentes » du fait qu’ils sont sur un « pied d’égalité » en termes de géométrie sociale. Bref, l’enquêté et l’enquêteur s’entendent comme « larrons en foire » puisqu’ils partagent la grammaire des catégorisations et classifications qui sont au principe de leur commune position sociale établie en termes d’habitus et de capital. D’autre part, Bourdieu conclut trop hâtivement que l’objectivation participante engendre d’office l’auto-analyse de l’enquêteur et de l’enquêté (voir Grunberg et Schweisguth, 1996 et Meyer, 1995). En effet, on veut bien croire que le premier est apte à prendre conscience des catégorisations et classifications propres à son « inconscient académique » et, sur la lancée, à nuancer ses questions, il n’en reste pas moins que celles-ci obéissent à une visée qui outrepasse les déterminations qu’exerce la société sur sa pratique, celle d’expliquer dans les termes de la théorie sociologique à l’instar de la géométrie sociale basée sur l’habitus et le capital. À l’inverse, l’enquêté peut certes tempérer l’apparence « naturelle » de ses catégorisations et classifications grâce auxquelles le « monde social » lui semble familier, mais il ne peut certainement pas en rendre raison dans les termes de la géométrie sociale en vertu de laquelle se formule la théorie sociologique chez Bourdieu. On veut bien concevoir l’objectivation avec la participation des enquêtés, il n’en demeure pas moins que seul l’enquêteur peut et doit être responsable de l’analyse sociologique fondée en l’occurrence sur la géométrie sociale qui lui est familière en un sens positif : il maîtrise parfaitement cette théorie pour pouvoir l’appliquer dans la ferme intention d’expliquer sur cette base. L’objectivation du sujet objectivant a certes tout son mérite. Il apparaît effectivement opportun d’envisager son « inconscient académique » grâce à l’éclairage réflexif que lui fournit la géométrie sociale chère à Bourdieu pour objectiver le monde social. Le sujet objectivant qu’est tout chercheur peut ainsi prendre acte des « impensés » qui se glissent inconsciemment, pour ne pas dire « automatiquement », dans sa pratique immédiate, celle de chercher à objectiver. Sur l’élan, il peut également saisir plus largement les déterminations qu’exerce sur elle la société. Force est toutefois de constater que l’objectivation participante outrepasse d’office les déterminations sociales auxquelles elle est sujette en raison même de sa visée : vouloir objectiver. À cette fin, elle est contrainte d’expliciter les catégorisations, les classifications et les notions qui gouvernent cette entreprise qu’est objectiver. L’explicitation de ses pièces et rouages les rend donc passibles de vérification que l’épistémologie décrit comme « retrouver dans une intuition — en dernier ressort sensible — un terme abstrait exprimé dans un énoncé » (Granger, 1992 : 179). En d’autres mots, l’objectivation scientifique s’incarne idéalement par la formulation d’une intuition sous une forme abstraite, pour ne pas dire théorique, qui permet non seulement de la connaître exactement, mais de prendre conscience de ses tenants et aboutissants. La vérification dépend donc d’une interprétation, « mais d’une interprétation réglée, à l’intérieur d’une théorie explicite » (Granger, 1993 : 48). L’objectivation en science correspond, dans cette perspective, à l’exercice qui consiste chez Bourdieu à envisager l’« inconscient académique » à la lumière de la théorie, la géométrie sociale, afin de l’éclairer en termes de positions et de dispositions sociales. Or, si l’objectivation peut légitimement s’établir sous l’angle sociologique, elle doit être également considérée en termes proprement épistémologiques en cherchant à savoir comment elle se forme sur le plan opératoire que l’épistémologie associe à ce qu’est une méthode si l’on donne à ce mot le sens strict « d’un ensemble de démarches et de procédés réglés, largement indépendant de la nature des objets à connaître » (Granger, 1993 : 45) du fait qu’ils sont formulés abstraitement grâce à des catégorisations et des classifications explicitement et délibérément conçues. Les limites de la méthode l’objectivation participante L’objectivation participante chère à Bourdieu connaît des ratés à ce chapitre. En effet, bien que, dans les dernières années de sa vie, il ait voulu la concevoir en tant que méthode, force est de constater que cette entreprise a pour règle le principe qui vaut de l’or chez Bourdieu pour pratiquer le Métier de sociologue : « expliquer ce que les gens font à partir non de ce qu’ils disent de ce qu’ils font, mais de ce qu’ils sont. » À l’échelle individuelle, cette objectivation s’opère par introspection propre à saisir les « lunettes » qu’ont les sociologues sur le bout de leur nez et qui leur imposent des catégorisations et des classifications dont ils doivent mesurer la relativité en fonction de leur position sur les échiquiers scientifique, politique et social que Bourdieu nomme champs. L’objectivation participante formée à l’échelle de l’ « intellectuel collectif » opère semblablement comme une espèce de psychanalyse orchestrée « comme un ballet » (Clément et al, 2006 : 10) ou un art entre chercheurs enclins à vouloir que leurs vis-à-vis leur signalent les catégorisations et classifications susceptibles de gauchir l’objectivation du monde social du fait qu’elles ne se conforment pas à la position sociale requise. L’objectivation de rigueur sous la tutelle de l’intellectuel collectif apparaît toutefois compliquée aux yeux de ses propres adeptes « tant la distance entre les observateurs de ceux qui ont pour métier d’objectiver doit être calculée avec justesse. Que leurs mondes de référence diffèrent de trop, et l’incompréhension sera de mise car les enjeux seront incommensurables ; la quête des uns paraîtra futile, et leur passion incompréhensible, aux yeux d’un analyste trop extérieur au jeu. Mais que les enjeux soient trop similaires et l’on court le risque de trop bien se comprendre, laissant dans l’ombre de grandes zones de territoires communs divisés par des frontières conceptuelles qui se recouvrent trop pour être découplées » (Clément et al., 2006 : 10-11). La question qui se pose dès lors est de connaître la position sociale requise pour montrer patte blanche et en l’occurrence être objectif pour objectiver. Selon Bourdieu, elle correspond à celle qui, en fonction des circonstances et des enjeux présents dans l’orbite intellectuelle et scientifique, permet aux sociologues, par exemple, d’établir la pratique de leur métier sous le signe de l’autonomie ou, en d’autres termes, d’être aptes à objectiver le monde social de leur propre chef et sans dépendre d’aucune influence ou instance étrangère à cet exercice qui donne à la sociologie sa raison d’être et sa légitimité. Or, on doit s’obliger à admettre que si cette position d’élection permet d’être objectif sur ce plan, social, l’objectivation doit être également conçue sous son aspect épistémologique. En effet, elle doit s’élaborer sous l’égide de la vérification qui, on l’a noté, signifie en science interpréter les faits « à l’intérieur d’une théorie explicite et réglée ». Être en position (sociale) d’objectiver ne saurait suffire au sujet objectivant pour concevoir parfaitement l’objectivation. Il faut l’élaborer en faisant preuve de rigueur et de transparence sur la base de l’explicitation des catégorisations, des classifications et des notions qui constituent les moyens délibérément mobilisés pour souscrire à cette visée qu’est objectiver. En guise de conclusion L’ « épistémocentrisme » et le « méthodologisme » que Bourdieu (1992a : 225 et 1994 : XVII) ne cessait de pourfendre en y voyant des réflexions de « haut vol » susceptibles de distraire l’attention dirigée vers les « conditions sociales » de l’objectivation au profit de son élaboration interne doivent être passablement nuancés sous peine de prêter à un « sociologisme » d’aussi mauvais aloi en l’occurrence. On l’a compris, objectiver ne saurait dans notre esprit se confiner à prendre conscience de l’habitus et du capital dont jouit le sujet objectivant. En effet, vouloir être objectif ne doit nullement se réduire à afficher la position sociale opportune sur la base de la géométrie sociale susceptible d’en faire foi en termes théoriques capables de l’associer à l’autonomie qui lui donne son éclat. Bourdieu lui-même s’est méfié des virulentes oppositions à l’« ego effacement » (Webster, 1982) au service de l’objectivité « archimédienne », oppositions surgies aux États-Unis sur la lancée de la vigilance épistémologique dont il s’est fait l’instigateur et qui a été passablement travestie par une certaine pensée postmoderne anglo-saxonne en voulant outrancièrement axer l’objectivation sur les « coordonnées personnelles » (voir Marcus, 1994).2 À cet égard, la préface à la traduction anglaise de Homo Academicus (1988 : XXVI) renforce cet imbroglio. Bourdieu souligne en effet que l’analyse qu’il propose du champ universitaire « enferme une forte proportion d’auto-analyse par procuration ». En d’autres termes, elle lui a permis de prendre connaissance de ses dispositions et positions dans cette orbite et du coup de les objectiver et d’être, sur cette base, en mesure de donner à son étude sur le sujet l’éclat de cette objectivité. Dans cette voie, l’exercice semble reposer sur l’objectivité dont fait preuve l’analyste en vertu de sa position sociale qui sur le coup fait office de qualité immédiatement fusionnée à sa personne, voire à son ego. Ce dernier doit donc être manifesté afin d’en faire foi sous un motif politique et éthique étranger à toute objectivation d’ordre théorique ou méthodologique. L’objectivation participante s’est par cette méprise insensiblement muée en une « explosion de narcissisme frôlant parfois l’exhibitionnisme » (Bourdieu, 2003 : 44) pour laquelle l’auteur n’avait guère de sympathie. L’objectivation se fonde ici non plus sur les propriétés dont les chercheurs sont dotés en termes sociologiques, l’habitus et le capital qui donnent corps aux positions géométriques qu’établit la théorie, mais sur les qualités dont témoignent sur pièces leur ego, leur sensibilité et leur émotivité qu’ils s’emploient sans relâche à jeter sur papier dans la veine du « diary disease » cher à Clifford Geertz (1988). Dans cette voie s’est érigée en règle la qualité d’être « noir pour étudier la culture afro-américaine », d’être femme pour envisager le gender ou d’être homosexuel pour concevoir la culture gay, etc. et cela dans l’optique théorique pourtant élaborée sur la base de catégorisations, de classifications et de notions dont on peut vérifier la pertinence et la fécondité du fait qu’elles sont dûment explicitées pour être ainsi considérées d’un œil extérieur comme le veut l’épistémologie et sans aucun égard à la personnalité des chercheurs qui s’efforcent de les objectiver. On le constate sans peine, l’objectivation se révèle d’office « participante » pour la raison qu’elle se forge au gré de catégorisations, de classifications et de notions qu’orchestre l’analyste sous cette visée, propre à la science, qu’est objectiver. Si, à certains égards, cette entreprise peut se former sur le mode de l’évidence ou du « c’est comme ça » qu’est la violence symbolique qu’impose notamment l’ « inconscient académique », force est d’admettre que celui-ci peut être détecté, débusqué, exhibé et neutralisé par le fait que l’entreprise même est continuellement ouverte au regard critique. La distanciation que celui-ci procure peut certes s’élaborer sur le plan sociologique eu égard aux positions et dispositions sociales des individus, des groupes et des institutions qui donnent leur visage à l’objectivation, mais elle ne saurait éclipser l’objectivité créée par le moyen de catégorisations et de notions qui, on doit le reconnaître, permettent précisément d’outrepasser sur le plan épistémologique — dans la formulation de la connaissance sociologique par exemple — les déterminations qu’exerce sur celle-ci la société. Sous ce chef, les sociologues, comme tout analyste digne de ce nom, prennent véritablement les traits de l’ « intellectuel collectif » que Bourdieu appelle de ses vœux et qui a toute sa légitimité pour participer à l’objectivation du « monde social ». Bibliographie Bourdieu, Pierre (2003), « L’objectivation participante », Actes de la recherche en sciences sociales, no 150 : 43-57. 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Notes 1 Le capital désigne dans cette optique l’ensemble des ressources et des pouvoirs dont sont dotés et qu’acquièrent les individus sous différentes « espèces » : économique, culturelle, scolaire, politique, linguistique, etc. La notion d’habitus, on l’a vu, correspond brièvement aux « schémas mentaux de perception, d’appréciation et d’action » (Bourdieu, 1992a : 24) en fonction desquels les individus mobilisent le capital sous leur propriété et dont le jeu détermine du coup leur position sur l’échiquier social qui se nomme champ dans le vocabulaire théorique de cet auteur. 2 Sur la réception de la théorie de Bourdieu aux États-Unis, en sociologie tout particulièrement, voir Sallaz et Zavisca (2007

viernes, 1 de agosto de 2014

La teoría de los campos sociales: conceptos y aplicaciones

Introduction to Pierre Bourdieu’s Theory of Social Fields Mathieu Hilgers and Eric Mangez Part I: Theoretical Investigations 1.Was Bourdieu a Field Theorist? John Levi Martin and Forest Gregg 2.The Limits of the Field: Elements for a Theory of the Social Differentiation of Activities Bernard Lahire 3.The Field: a Leibnizian Perspective in Sociology Louis Pinto Part II: Education, Culture And Organization 4. Collective Agents in the School Field: Positions, Dispositions and Position-taking, in Educational and Vocational Guidance Géraldine André and Mathieu Hilgers 5.The Literary Field between the State and the Market Gisele Sapiro 6. A Heuristic Tool: On the Use of the Concept of the Field in Two Studies of Culture Julien Duval Part III: The State And Public Policy 7.The Field of Power and the Relative Autonomy of Social Fields. The Case of Belgium Eric Mangez and Georges Liénard 8. The Fields of Public Policy Vincent Dubois 9.Field Theory and Organizational Power: Four Modes of Influence among Public Policy "Think Tanks" Thomas Medvetz 10. Crafting the Neoliberal State Workfare, Prisonfare and Social Insecurity Loïc Wacquant Afterword: Theory of Fields in the Postcolonial Age Mathieu Hilgers and Eric Mangez

martes, 28 de mayo de 2013

Presentación del libro Pierre Bourdieu. Proyección siglo XXI, Colombia

En 2012 se cumplieron diez años del fallecimiento de Pierre Bourdieu. Tal fecha desencadenó una verdadera crispación mundial por rendir homenaje al sociólogo francés: eventos académicos, jornadas de estudio, notas periodísticas, lanzamientos editoriales y emisiones radiofónicas, por citar solo algunas de las innumerables actividades conmemorativas. Un producto afortunado de este furor ha sido la publicación de Pierre Bourdieu. Proyección siglo XXI, obra preparada por los sociólogos colombianos Álvaro Moreno Durán y José Ernesto Ramírez bajo el auspicio del Instituto Latinoamericano de Altos Estudios (ILAE) y la Embajada de Francia en Colombia. Este libro, resultado directo del Coloquio Internacional Pierre Bourdieu 10 años después (marzo 2012, Colombia) y que será presentado el próximo 12 de junio de 2013 en la sede de la Alianza francesa Chicó (Bogotá), reúne una colección de artículos firmados por destacadas plumas bourdieusianas —Alicia B. Gutiérrez, Denis Baranger, Franck Poupeau y Patrick Champagne— y cuyo objetivo principal es acercar al público (iniciado y no-iniciado) a una de las teorías sociales más originales del siglo XX así como dimensionar su influencia en el mundo de las Ciencias Sociales en Latinoamérica. Aunado a lo anterior, Pierre Bourdieu. Proyección siglo XXI pretende honrar la memoria de otro gran sociólogo: Orlando Fals Borda, desaparecido en 2008 y cuyas similitudes con Bourdieu son muy próximas. Finalmente quisieramos comentar que por invitación directa del propio José Ernesto Ramírez en Sociología Contemporánea tuvimos el privilegio de prologar este libro. Ha sido una experiencia enriquecedora. No deja de maravillarnos el hecho de que un proyecto web traspase los límites que imponen de las barreras geográficas y, sobre todo, pase por alto la etiqueta que exigen los títulos de la academia nobiliaria. Al final, siempre se retorna al mundo analógico. A continuación reproducimos de forma integral el prólogo. Pierre Bourdieu. Proyección siglo XXI Prólogo Christian Hdez Se han cumplido ya diez años del fallecimiento de Pierre Bourdieu y la evidencia conmemorativa permite afirmar que hoy en día la difusión y acceso a su obra no tiene precedentes. Mencionar el vasto cúmulo de eventos académicos, lanzamiento de publicaciones inéditas, emisiones radiofónicas y ráfagas de viralidad en redes sociales, consagrados a rememorar y hacer eco de los aportes críticos del sociólogo francés, incluso en espacios editoriales ajenos al ritual académico, ameritaría, por lo menos, agregar un par de anexos más a esta obra. Pierre Bourdieu 10 años después se inscribe a esta pletórica serie de eventos que persigue, en un primer momento, introducir al público lector a una de las teorías sociales más importantes y originales del siglo XX. Por otra parte, busca elaborar un balance de los aportes sociológicos contenidos en su obra y su influencia en el contexto latinoamericano a partir de casos prácticos en Colombia y Argentina. Esta publicación monográfica, signada por especialistas de diversas latitudes, muchos de ellos y ellas antaño próximos al mismo Pierre Bourdieu, se organiza en tres momentos distintos aunque complementarios. La primera parte podría definirse como un apartado iniciático que provee al lector del andamiaje pedagógico necesario con el cual comenzar una lectura sistemática y cuidadosa de la teoría sociológica de Pierre Bourdieu. Iniciando con la presentación de una breve reseña biográfica, la contextualización de fuentes teóricas y una puntual explicación de conceptos fundamentales y complementarios, se identificará con precisión el punto de partida de la sociología bourdieusiana y su aportación a distintas tradiciones de pensamiento. El impacto de la sociología de Pierre Bourdieu como figura pública en Francia desde el éxito editorial de La miseria del mundo (1993), y posteriormente su encumbramiento como intelectual comprometido tras manifestar su apoyo público al movimiento social francés en 1995, lo convirtieron en figura mediática y blanco fácil de ataques perpetrados por los fast thinkers del espectáculo periodístico. De alguna forma, sugiere Patrick Champagne, Pierre Bourdieu ocupó el sitio dejado, sucesivamente, por intelectuales de la envergadura de Sartre, Aron y Foucault. Es más, se ha escuchado decir que si Bourdieu existiera hoy sería un indignado: "Si le monde social m'est supportable c'est parce que je peux m'indigner" (Bourdieu). Es una certeza que la participación de Pierre Bourdieu en América Latina fue bastante limitada. Se tiene registro de un par de teleconferencias transmitidas en México y Argentina-Chile: Trayectoria de un sociólogo (México, 22 de junio de 1999), con motivo de la Conferencia magistral para la Cátedra Michel Foucault de la Universidad Autónoma Metropolitana; y El sociólogo y las transformaciones recientes de la economía en la sociedad (28 de junio de 1999), dirigida simultáneamente a estudiantes de las universidades de Buenos Aires y Córdoba y la Universidad de Chile. En ambas, se escuchó al propio Bourdieu dirigirse en castellano. A pesar de estos eventos aislados, como constata Denis Baranger, la influencia de este sociólogo en la producción académica latinoamericana, cuantificable en líneas de investigación, programas de estudio y menciones en publicaciones científicas, lo colocan como figura hegemónica en este territorio. Como hecho significativamente anecdótico vale la pena mencionar que el sociólogo español Manuel Castells, tras abandonar París y arribar a Santiago de Chile con la encomienda de dictar la cátedra “Métodos de investigación”, encargó traducir por primera vez al castellano el ensayo “Preliminares epistemológicos” de El oficio de sociólogo, esto con la intención de sentar las bases para el estudio de una metodología de orden epistemológico. Hace cuatros años otro gran maestro del pensamiento social decidió partir. Orlando Fals Borda fue uno de los máximos representantes de la sociología en Colombia. Su trabajo se caracteriza por una original propuesta teórica y metodológica aplicada fundamentalmente a la realidad rural. Si bien no existió momento en el que Fals Borda y Bourdieu se hayan encontrado, el símil en sus trayectorias intelectuales -preocupación sociológica por la vida campesina y su proceso de construcción cultural- permite hablar de un espíritu de “Los oficios de sociólogo” compartido. Las tecnologías de la información han transformado radicalmente todos los campos de producción social. El acceso a la literatura sociológica se ha convertido en un verdadero torrente. Respecto a Pierre Bourdieu, el más célebre de los sociólogos en la World Wide Web, prácticamente toda su obra sobre el papel se encuentra ya disponible en formato digital, esto sin contar el invaluable acceso al tesoro audiovisual que representan sus intervenciones públicas. Sin embargo, esta acumulación informativa debe servir más que un museo bourdieusiano como un recurso generador de crítica social que afine y trascienda los aportes sociológicos de Pierre Bourdieu. Dicho sin eufemismos: con y contra Bourdieu. Para quienes aún no conozcan la obra de Pierre “el coyote” Bourdieu, nombrado así por sus amigos de la infancia, este libro representa sin duda una excelente cartografía que guiará al lector no iniciado por buen camino ante el riesgo de aventurarse en los recovecos del pensamiento bourdieusiano. Finalmente, para los entendidos en el tema, y sumado al lanzamiento de Sur l'État, Alicia Gutiérrez, referencia obligada en la difusión y estudio de la obra de Pierre Bourdieu, anuncia en su texto una esperada publicación: el último gran trabajo de Bourdieu que restaba traducir al castellano.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Estrategias de reducción del daño y consumo SPA

1 RESUMEN EJECUTIVO: En la perspectiva de discutir la viabilidad de estrategias de reducción de daño por conflictos en el uso de SPA, como fundamento de los diseños y planeación de la gestión del bienestar universitario y la articulación de políticas curricular, de inmuebles y seguridad, de relaciones académicas y de mejoramiento del conocimiento sobre los problemas asociados con situaciones de riesgo en las instituciones de educación en todos los ciclos, esta investigación se propone recopilar información mediante métodos explicativos cuantitativos y comprensivos cualitativos organizados secuencialmente. Se consideran los fundamentos conceptuales de la perspectiva de integración de currículo intercíclos de la educación básica secundaria, preuniversitaria y superior, las particulares configurativas de los habitus sobre sociabilidad, rendimiento académico, conciencia social y auto cuidado en poblaciones que hacen el tránsito de la educación básica y los contextos de origen social característicos a la educación superior, y la perspectiva analítica de la problemática de lucha contra las drogas conocida como estrategia de reducción de daño. Esta investigación define como población objeto de la cual se tomaran las unidades de análisis a los integrantes de la comunidad académica localizada en las sedes principal y vecinas en la localización de la UPN en Bogotá, en calidad de estudiantes presenciales de los programas de pregrado y los directivos, docentes, funcionarios, allegados, vecindario y autoridades civiles y gendarmería que constituyen el conjunto de las relaciones cotidianas a la vida de la universidad. Se proponen como objetivos de comprensión la caracterización de los consumos de SPA entre estudiantes integrantes de la comunidad educativa, la observación y registro sin fines represivos sino tan solo investigativos de las formas principales, condiciones de realización y móviles vinculados al micro tráfico o narco menudeo de estos productos. Los hallazgos de esta investigación se direccionan al fortalecimiento de la estrategia de intervención para el bienestar de la comunidad académica, en segundo plano para contribuir al mejor conocimiento del reordenamiento cultural de las universidades públicas y su conexión con la educación básica, los contextos familiares de proveniencia de sus alumnados y la distención del conflicto con las autoridades civiles y de orden público. Entre los productos previstos se hallan la presentación de una ponencia internacional en 2012 , una publicación nacional en 2013, la propuesta de un número de la serie Claves para el Debate Público de Unimedios. Esta investigación se propone para ser cofinanciada con recursos de la Convocatoria 2012 para investigación en educación superior del MEN, y/o del Centro de Estudio y Análisis en Convivencia y Seguridad Ciudadana de la Alcaldía Mayor de Bogotá, y de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito UNODC, para Colombia, en calidad de cofinanciadores de su costo global. 1.2 DESCRIPTORES / PALABRAS CLAVES: Consumo SPA, espacio social, convivencia, micro narcotráfico, derechos,

sábado, 31 de julio de 2010